lunes, 25 de noviembre de 2013

ESA PERSONA ESPECIAL

Al nacer, venimos equipados con todo aquello que nos hace falta para aprender la lección o lecciones que nos tocan aprender  en la encarnación presente. Decir que venimos "equipados" puede sonar algo absurdo, si mencionamos que muchas personas nacen en hogares muy pobres, con muchas carencias, en tanto que otras nacen en "cuna de oro". Pero sí. Venimos con todo lo que necesitamos para aprender nuestra lección y avanzar en el camino de la evolución. Todo depende de la misión que elegimos al reencarnar.
Sea cual sea nuestro ambiente, nuestro "hábitat", muchos de nosotros hemos tenido en nuestra vida una Persona Especial. 
Yo tuve mi persona especial. Y tengo la inmensa dicha de ser la persona especial de alguien.
Y más importante aun es que esa persona es especial para nosotros y nosotros somos especiales para ellas.
Mi persona especial fue un tío.
Mi muy amado Tío Tulio. El me llevó muy despacio, con mucha suavidad, a encontrar mi vida interior, a descubrir que dentro de mi había un inmenso tesoro que me mantendría a flote en los días negros y feliz y agradecida en los días de gloria. Fue el primero que me habló de "orar hacia adentro". Todavía miro al cielo cuando hablo con Dios, pero sé perfectamente que Dios está dentro de mi. Y si él fue mi persona especial, para él yo fui la hija que nunca tuvo. Yo lo amaba y lo amo, aunque ya no esté en esta dimensión y -creo- que siempre se lo demostré. Cuando tenía un problema, me sentaba junto a él, en su inmensa biblioteca y allí, me hablaba de la vida y de más allá de la muerte. Fue el primero que me dijo que un suicida pierde 2 o 3 encarnaciones, pues el suicidio es un retroceso. Tal vez, sólo tal vez, él sabía que un día, en el futuro, yo iba a desear morirme y esa fue su manera de evitar que me suicidara. No lo sé.
A lo largo de estos 33 años que ya no está, he leído, he asistido a charlas, he escuchado enseñanzas, he recorrido muchos caminos buscando la verdad. Y, sí, en algunos casos, se ha modificado lo que aprendí de él; pero la esencia, la base está ahí y viene de él, de mi Tío Tulio.
Ser una persona especial lleva dentro de si, una gran responsabilidad. Se debe tener una gran sensibilidad, mucho sentido común, objetividad y mucho amor. Se deben elegir cuidadosamente las palabras y nunca mentir porque siempre  creemos y aceptamos sus palabras o indicaciones  con absoluta confianza: la vemos como alguien superior, sabio, protector. Aunque somos humanos, sujetos a errores, no se debe defraudar a ese ser humano que busca apoyo.
Gracias, tío. Gracias por haber sido mi persona especial.

Y pasó el tiempo, me casé, tuve una bellísima hija, me divorcié y después de 28 felices años, mi hija murió.
El mundo se puso negro, me quedé sin centro, sin razón de vivir. Y como si esto fuera poco, mi mamita amada, la madre que el Amor de Dios me dio, murió 4 días después que mi hija. Entonces me quedé sin ancla, sin apoyo. Pero dentro de mi estaba muy viva la semilla que sembró mi persona especial. Y a ella me agarré para soportar tanto dolor. Y lo estoy logrando. 
Y también debo dar  gracias por otro maravilloso regalo que la vida me dio hace 15 años: Ser yo, la persona especial para una hermosa niña. Y como dije al principio, yo soy su persona especial, pero ella también es mi persona especial. Ella le ha dado a la oscuridad de la ausencia de mi hija, un rayito de luz.
Gracias, pequeña princesa. 
Y GRACIAS a todos aquellos que en algún momento han ayudado a crecer, a madurar, a un SER  HUMANO.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Pérdidas.... importantes o ¿no?



Me di cuenta que al perder un hijo, nos creemos los "dueños" del dolor y en ocasiones, vemos las pérdidas de quienes rodean como algo estúpido, vacío, sin importancia, al compararlo con nuestra pérdida, con nuestro dolor. 
Y no es así.
 Un divorcio, la pérdida de un empleo, la muerte de un padre, son pérdidas muy importantes para quienes las viven. 
Son superables. 
Sabemos que por ley natural, nuestros padres se irán antes que nosotros; Siempre podemos encontrar un nuevo empleo y tal vez mucho mejor que el anterior; también seremos capaces de encontrar una nueva pareja y rehacer nuestro hogar.Sólo llevamos cargas que podemos soportar, que podemos manejar.
La Dra. Elisabeth Kübler-Ross, en su libro "La Muerte. Un Amanecer", se refiere a las pérdidas como situaciones para "crecer":
."- Si pudiéramos comprender que na­da de lo que nos ocurre es negativo, y subrayo:
 ¡absolutamente nada!... Todos los sufrimientos y pruebas, incluso las pérdidas más importantes, así como todos los acontecimientos ante los que deci­mos: «Si lo hubiese sabido antes no lo habría po­dido soportar», son siempre regalos. Ser infeliz y sufrir es como forjar el hierro candente, es la oca­sión que nos es dada para crecer y la única razón de nuestra existencia.

No se puede crecer psíquicamente estando sen­tado en un jardín donde os sirven una suculenta cena en una bandeja de plata, sino que se crece cuando se está enfermo, o cuando hay que hacer frente a una pérdida dolorosa. Se crece si no se es­conde la cabeza en la arena sino que se acepta el sufrimiento intentando comprenderlo, no como una maldición o un castigo sino como un regalo hecho con un fin determinado.-"
La Dra. Kübler trata en este libro sobre la muerte. Sin embrago, ese razonamiento se puede utilizar en cada una de las pérdidas a que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida, por pequeñas que sean.
Si perdemos un empleo, al encontrar otro, trataremos de no repetir las actitudes negativas que llevaron a que fuéramos despedidos; si fracasa el matrimonio sucede igual: miramos el pasado y no cometemos los mismos errores y buscamos una pareja que tampoco tenga esos "defectos" que contribuyeron al fracaso.
¿Y que podemos aprender de la muerte de un hijo?
Para esta pregunta no tengo respuesta. No una general. 
La respuesta está dentro de nosotros  y cada uno debe encontrarla.

Cada uno de nosotros tiene ha tenido y tendrá perdidas, problemas y estos se repetirán hasta que aprendamos la lección. Sólo se debe hacer frente a ellos con ecuanimidad, armonía, paz, sin impulsos. Con la mente clara y el espíritu en paz, rápidamente veremos qué nos está diciendo la vida.
 No menospreciemos los problemas de quienes nos rodean. Todos son importantes. No hay pequeños ni grandes.
Y recuerden:
"DIOS NO NOS PONE CARGAS QUE NO PODAMOS SOPORTAR"

UN NUEVO COMIENZO

Hace ya 2 larguísimos años murió mi única hija.
En el primer momento me resistí a sentir ese dolor inmenso y profundo. Me negué a dejar salir la desesperación e impotencia que sentía ante una pérdida de esas dimensiones. ¿Por qué esta negación? Porque le dije a mi hija que se fuera tranquila y en paz, que yo iba a estar bien. Y porque muy dentro de mi, abrigaba la esperanza de irme muy pronto junto a ella. 

Sin embargo, ya han pasado 2 años y, aquí estoy. Con el mismo dolor del primer segundo que ya no estaba conmigo; con el mismo deseo imperioso de verla y oír su voz; con con la misma impotencia de no poder hacer nada ante lo inevitable y con la misma pregunta: ¿Por qué mi hija?
A lo largo de estos 26 meses he reflexionado, he intentado encontrar una respuesta y darle un sentido a mi vida. He pasado de un estado semi catatónico ( si esto existiera) a estar eufórica sin ningún motivo. Y ahora creo que ya llegó el momento de "un nuevo comienzo".
Quiero apoyar, ayudar a aquellos que han pasado y están pasando por una pérdida, sea cual sea la naturaleza de esta. 
Espero que a través de estas y futuras palabras y artículos, podamos encontrar un nuevo centro, una nueva razón para vivir y que en homenaje a nuestro hijo ausente, podamos sonreír de nuevo desde el corazón.