Me di cuenta que al perder un hijo, nos creemos los "dueños" del dolor y en ocasiones, vemos las pérdidas de quienes rodean como algo estúpido, vacío, sin importancia, al compararlo con nuestra pérdida, con nuestro dolor.
Y no es así.
Un divorcio, la pérdida de un empleo, la muerte de un padre, son pérdidas muy importantes para quienes las viven.
Son superables.
Sabemos que por ley natural, nuestros padres se irán antes que nosotros; Siempre podemos encontrar un nuevo empleo y tal vez mucho mejor que el anterior; también seremos capaces de encontrar una nueva pareja y rehacer nuestro hogar.Sólo llevamos cargas que podemos soportar, que podemos manejar.
La Dra. Elisabeth Kübler-Ross, en su libro "La Muerte. Un Amanecer", se refiere a las pérdidas como situaciones para "crecer":
."- Si pudiéramos comprender que nada de lo que nos ocurre es negativo, y subrayo:
No se puede crecer
psíquicamente estando sentado en un jardín donde os sirven una suculenta cena en una
bandeja de plata, sino que se crece cuando se está enfermo, o cuando hay que hacer frente a una pérdida dolorosa. Se crece si no
se esconde la cabeza en la arena sino que
se acepta el sufrimiento intentando
comprenderlo, no como una maldición o
un castigo sino como un regalo hecho
con un fin determinado.-"
La Dra. Kübler trata en este libro sobre la muerte. Sin embrago, ese razonamiento se puede utilizar en cada una de las pérdidas a que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida, por pequeñas que sean.
Si perdemos un empleo, al encontrar otro, trataremos de no repetir las actitudes negativas que llevaron a que fuéramos despedidos; si fracasa el matrimonio sucede igual: miramos el pasado y no cometemos los mismos errores y buscamos una pareja que tampoco tenga esos "defectos" que contribuyeron al fracaso.
¿Y que podemos aprender de la muerte de un hijo?
Para esta pregunta no tengo respuesta. No una general.
La respuesta está dentro de nosotros y cada uno debe encontrarla.
Cada uno de nosotros tiene ha tenido y tendrá perdidas, problemas y estos se repetirán hasta que aprendamos la lección. Sólo se debe hacer frente a ellos con ecuanimidad, armonía, paz, sin impulsos. Con la mente clara y el espíritu en paz, rápidamente veremos qué nos está diciendo la vida.
No menospreciemos los problemas de quienes nos rodean. Todos son importantes. No hay pequeños ni grandes.
Y recuerden:
"DIOS NO NOS PONE CARGAS QUE NO PODAMOS SOPORTAR"
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